Cultura y Sociedad

Nuestra historia: inauguración de la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro de Ronda

El edificio que actualmente podemos ver en la plaza del mismo nombre es nuevo, construido en los años 50 del siglo XX sobre el solar de la antigua iglesia pero con una orientación diferente con respecto a la plaza

Por José Luis Sánchez Mesa (maese). E-mail: sanchezmesa@hotmail.com
Por José Luis Sánchez Mesa (maese). E-mail: sanchezmesa@hotmail.com
Publicado 22/09/2018 · 13:14Actualizado 23/09/2018 · 20:58Lectura · 3 min
Estado actual de la céntrica iglesia del Socorro de Ronda.
Estado actual de la céntrica iglesia del Socorro de Ronda.

Nos vamos a centrar en la penúltima restauración de esta iglesia rondeña realizada en 1913. Veintitrés años después en 1936 fue quemada y quedó arruinada. Un algodonaleño que estuvo en Ronda en el otoño de 1936, decía que allí solo se veían “iglesias quemás y santos chamuscaos”.

El edificio que actualmente podemos ver en la plaza del mismo nombre es nuevo, construido en los años 50 del siglo XX sobre el solar de la antigua iglesia pero con una orientación diferente con respecto a la plaza.

Esta iglesia fue edificada al empezar el siglo XVIII sobre una antigua ermita que se había quedado pequeña, financiándose la obra con limosnas y donativos de los fieles. Se inauguró en 1709. En el primer tercio del siglo XIX  una bula del Papa Alejandro III la convierte en parroquia.

En los primeros años del siglo XX esta iglesia necesitaba una urgente restauración, la diócesis de Málaga siempre ha sido una diócesis pobre comparada con la sevillana y la escasez de recursos que había en esos años iniciales de siglo hacía difícil poder reunir los recursos necesarios para acometer una obra que necesitaba el aporte de unos recursos importantes.

El “casi ruinoso edificio de dicha iglesia” no podía usarse para el culto sagrado y entonces una rondeña, la excelentísima señora doña Carmen Abela García, viuda de Borrego, se pone en contacto con el obispado malagueño y se ofrece para costear los gastos necesarios para esta importante obra.

Suponemos que el obispo recibió esta propuesta como un balón de oxígeno y en Decreto de 14 de diciembre de 1911, autorizó la obra y le concedió “licencia y bendición con suma complacencia”.

Al terminar la obra, expide un certificado reconociendo este mecenazgo en el que expresa que: “restauró a sus expensas el casi ruinoso edificio de dicha Iglesia: hermoseó la fachada principal de la misma y sus muros interiores: decoró el púlpito, las imágenes, retablos y altares y prodigó su piadosa munificencia en el del Sagrario, dando con ello, sin pretenderlo, ni aún pensarlo, público y solemne testimonio de su ferviente fe y amor al Augusto y divinísimo Sacramento del Altar que con frecuencia recibe: para mayor esplendor del culto erigió un nuevo coro e instaló en él magnífico órgano; así como para hermosura y limpieza del mencionado templo costeó rica solería; invirtiendo en estas y muchas otras obras realizadas también a sus expensas en su amada Iglesia Parroquial, cuantiosas sumas cuyo por menor se ignora por haberlo ocultado siempre en el seno de su profunda humildad y generoso desprendimiento la esclarecida donante”.

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