Opinión

Carnaval insolidario (Javier Flores)

El Barrio sigue dando ejemplo de solidaridad. Esta semana, con el Carnaval como motivo, aunque sin coplas en su tablao, los ‘ceporreros’, como a buena parte de ellos mismos les gusta llamarse, han vuelto a demostrar que tienen un corazón muy grande, igual a ese que reclaman muchas de las coplas de Carnaval que en …

Javier Flores González
Javier Flores González
Publicado 17/03/2014 · 13:16Lectura · 3 min

El Barrio sigue dando ejemplo de solidaridad. Esta semana, con el Carnaval como motivo, aunque sin coplas en su tablao, los ‘ceporreros’, como a buena parte de ellos mismos les gusta llamarse, han vuelto a demostrar que tienen un corazón muy grande, igual a ese que reclaman muchas de las coplas de Carnaval que en estos días hemos podido oír por muchos rincones de Ronda, aunque poquito por el Barrio de San Francisco.

La Asociación de Vecinos, inagotable en su esfuerzo de organizar actividades, había preparado una gala benéfica a beneficio de Asidoser, la asociación rondeña de personas con Síndrome Down (el beneficiario es casi lo de menos), que contó con una barra con precios populares y comida variada. Dos paellas enormes, diez kilos de pinchitos o 30 kilos de masa frita, entre otras viandas. Todo un esfuerzo para tratar de recaudar algunos fondos para esta asociación que trata de ayudar a estas personas discapacitadas a llevar una vida mucho mejor.

La gala de Carnaval benéfica debía haber tenido a las coplas como protagonistas, aunque, tristemente, el Carnaval reivindicativo que llama a la conciencia social, por algún motivo extraño decidió dar la espalda a las familias que integran esta asociación. Me han dado explicaciones diversas y variadas, aunque ninguna, sinceramente, termina de convencerme. Ni las que me han dado algunos carnavaleros de agrupaciones ni las ofrecidas por miembros de la Asociación Cultural Carnavalesca. Mucho me temo que en la guerra interna que han tenido en el carnaval rondeño, los platos rotos los pagó Asidoser, quizás, los más débiles.

Las agrupaciones tragaron con asistir a los actos que la Asociación Cultural Carnavalesca puso como obligatorios (había que cobrar los 600 euros), y los organizadores de las fiestas carnestolendas tragaron por no imponer actos que se habían organizado previamente. Entonces dejaron la participación de las agrupaciones en algunas actividades condicionada a su voluntad y conciencia, como la mencionada en este artículo. Brilló por su ausencia la conciencia solidaria. Parece que era demasiado esfuerzo el pedir que fuesen a cantar de forma desinteresada el domingo de Carnaval al Barrio de San Francisco. Allí se quedó vacío un tablao esperando las coplas de las agrupaciones rondeñas. Bueno, para ser justos, la chirigota infantil de Paco Jiménez sí que estuvo. Honrosa excepción la de la cantera carnavalesca, dando una lección a los mayores.

Por cierto, algunos deberían saber que ese muñeco que quemaron el domingo lo habían hecho, con todo el cariño del mundo, los miembros de Asidoser para los carnavaleros.

Como en todo, las generalizaciones son injustas, pero que se salven los que puedan.

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